La huella invisible

Durante el siglo XVII en España, las mujeres recibían formación en danza y participaban como bailarinas en el ámbito del teatro, aunque su desarrollo como artistas o creadoras ha permanecido prácticamente en el anonimato.

 

¿Las mujeres compartían espacios de formación con los hombres?

Tras la lectura de uno de los tratados de danza de referencia en el siglo XVII, Discursos sobre el arte del dançado de Juan de Esquivel Navarro (Sevilla, 1642), la primera sensación que recibes es que la enseñanza de la danza en las escuelas estaba reservada únicamente a los hombres.

A lo largo del tratado aparece una referencia sobre las mujeres, tan sólo una, en las páginas 38v-39r, donde el autor señala:

«Y también digo, que para en cuanto a ganar de comer, no mirando de ser en todo eminente, con saber bien lo que se practica en Escuelas, tiene lo que basta un Maestro: esto sabiendo enseñar mujeres, a que es muy importante y difícil, que aunque danzan con el mismo compás y compostura, son las mudanzas muy diferentes.»

Sin embargo, Esquivel nunca menciona si las mujeres asistían regularmente a los mismos espacios que sus compañeros varones, en las escuelas,  o si existían lugares y horarios específicos para su formación en danza.

Vista del Manzanares en la fiesta de San Juan. Anónimo (mediados del siglo XVII). Colección Abelló.

Para poder argumentar esta cuestión, vamos a recurrir a tres obras literarias de la época: El maestro de danzar (1594), comedia de Lope de Vega, cuya trama Calderón de la Barca volvió a recrear en una obra con el mismo título, años después,  El maestro de danzar (1664). La tercera obra será el Entremés La escuela de danzar (1640), de Francisco de Navarrete y Ribera. 

 

En los maestros de danzar, de Lope y Calderón encontramos las pericias de un amante que se hace pasar por maestro de danza: el caballero Aldemaro (Lope de Vega y Don Enrique (Calderón). Estos dos personajes aprovechan sus conocimientos de danza, que aunque son breves, servirán como estrategia para acercarse y acceder a su amada. 

 

A continuación, transcribo el momento exacto en el que surge la pícara idea, en ambas comedias:

 

El maestro de danzar. Lope de Vega

Aldemaro
¿Qué nos volvamos? Ya digo que no saldré de Tudela hasta que goce a Florela. Ricaredo ¿Quién es su padre? Aldemaro Alberigo, caballero rico y noble. Ricaredo ¿Y cómo la gozarás? Aldemaro El ingenio puede más que la riqueza; al doble,
industria me ha de ayudar.

Ricaredo

¿Qué industria?

Aldemaro

Sabrasla agora.

Ricaredo

Si hablando el mal se mejora
habla y no ceses de hablar.

Ricaredo

Pues bien..

Aldemaro

Fue con extremo, y tan bien,
que, aunque español, fama tuve.

Ricaredo

¿Qué tiene eso que ver?

Aldemaro

Poder en su casa entrar
para enseñar a danzar

Ricaredo

¡Demonio debes de ser!

 

El maestro de danzar. Calderón de la Barca

Chacón
Y en fin, ¿qué piensas hacer?

Don Enrique
 
Repasar desde este día
lo poco que yo sabía
desta habilidad, y ser
su maestro de danzar, puesto
que en la casa de Leonor
entrada tendrá mi amor
a todas horas con esto.

 
Recreación de un Corral de Comedias. Acuarela de David Prieto García Seco

Si quieres profundizar más en estas dos comedias, en el siguiente enlace tendrás acceso a un interesante artículo de Daniel Fernández RodríguezTradición y reescritura. «El maestro de danzar» de Lope a Calderón

De este modo, a través de las lecciones de danza de estos dos personajes singulares, AldemaroDon Enrique, nos ha llegado un texto plagado de  referencias al lenguaje de los pasos de danza, que aquí son utilizados con el recurso de encubrir un diálogo con doble sentido, codificado por los amantes.

 

Lo que nos interesa de la trama, en este caso,  es ilustrar lo extendida que al parecer era, dada la facilidad con que estos personajes masculinos comienzan su trabajo como maestros, la formación en danza para mujeres en el ámbito doméstico a través de clases particulares

 

Algo que nos refuerza la idea de que más allá de su valor estético y artístico, la danza cumplía una función social relevante, actuando como un mecanismo de integración y favoreciendo la movilidad dentro de determinados círculos socioculturales.

 

La escuela de danzar de Francisco Navarrete y Ribera

El entremés, La escuela de danzar (1640) es una obra poco conocida que resalta la importancia de la danza y cómo este género teatral breve incorporaba elementos coreográficos.

Navarrete y Ribera es mencionado en estudios sobre teatro breve de los siglos XVI y XVII. Se sabe que escribió al menos catorce entremeses y una obra sobre juegos de azar. La escuela de danzar es un texto raro que refleja el contexto de la enseñanza de la danza en las escuelas abiertas por maestros.

 

 

Estructura del Entremés

El Entremés tiene una estructura simple: varios personajes entran a la escuela de danza y bailan según sus características y personalidad. Cada uno de ellos escoge un tipo de baile y el maestro de danza les da instrucciones. La obra juega con el humor y los dobles sentidos que podríamos asociar  a cada danza.

Los personajes y sus bailes son:

  • El villano: entra con energía y danza un villano
  • La dama: busca un baile sutil y elegante, pero el maestro le enseña una gallarda
  • La panadera: inicialmente recatada, termina bailando una zarabanda
  • El barbero: elige un canario para aprender algo nuevo. 
  • La viuda: baila unas folías, simbolizando su liberación. 

En el siguiente enlace podrás acceder a un artículo (en italiano) de Maria Grazia Profeti que analiza la pieza y aporta una transcripción completa del Entremés:  Escuela de danzar de Francisco Navarrete y Ribera


Este Entremés, pieza breve y deliciosa, apoya la teoría de que el alumnado de las escuelas de danza de la época, era diverso en condición social y género. 

 
Organización de las Escuelas de Danza, según Esquivel
Resulta interesante también mencionar cómo Esquivel describe el correcto funcionamiento de estos espacios públicos.
 

Según aparece en los Discursos sobre el arte del dançado , las escuelas de danza en el siglo XVII seguían un modelo específico:

  • Horario: Las clases comenzaban media hora después del anochecer: a las siete en invierno y a las ocho en verano. 
  • Frecuencia: Se impartía una lección diaria, con una clase de repaso los sábados. 
  • Normas: Se exigía puntualidad y se recomendaba a los maestros cobrar el mes por adelantado. 
  • Método: Antes de comenzar la enseñanza, el maestro instruía en la pavana y la gallarda
  • Momentos especiales: En Pascua y Carnaval, los buenos discípulos debían pagar “cuelgas” (regalos o tributos). 
  • Niveles: Se adaptaban a los alumnos, diferenciando entre mudanzas fuertes y por lo baxo.

Entre las danzas enseñadas en las escuelas destacaban:

  • Bailes nobles: Alta, pavana. 
  • Variaciones coreográficas: Cuatro mudanças de pavana, seis passeos de gallarda, cuatro mudanças de folía, dos de Rey, dos de Villano. 
  • Otros bailes populares: Chacona, Rastro, Canario, Torneo, Pie de Gibado, Alemana. 

En el Siglo de Oro, la presencia de la mujer en la danza fue significativa, aunque a menudo silenciada o minimizada. Sin embargo, la práctica de la danza por parte de las mujeres no solo desafió las normas establecidas, sino que también contribuyó a darle una nueva dimensión estética y narrativa a este arte.

La primavera, de Francisco Barrera (mediados del siglo XVII). Colección privada.

Es importante recordar a todas aquellas que, desde las sombras, hicieron posible la evolución del arte, la cultura y el pensamiento. Reconocer su legado es una manera de honrar su lucha y de seguir reivindicando el espacio que les pertenece. Porque la historia del saber, del arte y de la danza no está completa sin la voz, el talento y la pasión de estas mujeres.

 

Por todas las personas que bailan, crean y siguen transformando el mundo con su arte.